Subir la barra 
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Hace muchos años tuve una discusión con unos padres de familia de la escuela a la que asistían mis hijos debido a una propuesta que estaban haciendo: eliminar los reconocimientos a los alumnos mas destacados.Sus argumentos eran que los diplomas (estrellitas, medallas, etc. ) provocaban en los niños que no los recibían, sentimientos de inferioridad o minusvalía, y que los requisitos para obtenerlos sometía a los niños a presiones para competir con alumnos mas capaces.

En otras palabras, lo que querían era reducir el nivel general de exigencia y desempeño para que sus querubines no se “frustraran”.

Entiendo que los efectos de los premios e incentivos pueden ser poco duraderos, que a los hijos no se les educa como “perros pavlovianos” (sacar 10 = bicicleta nueva) y que la motivación para ser mejores debe provenir mas del convencimiento y la responsabilidad que de las recompensas, pero era obvio que quienes pugnaban por eliminar los reconocimientos eran los padres de niños que simplemente eran mas flojos, y no dedicaban el tiempo, ni aplicaban la disciplina necesaria para hacer de sus hijos mejores alumnos.

Yo decía, y sigo diciendo, que en lugar bajar el nivel de exigencia general es mejor intentar subir el nivel de desempeño de los menos dotados o menos esforzados; que bajar el estándar (de una escuela, de una empresa o de la sociedad) desmotiva a todos los que se esfuerzan para cumplir con sus obligaciones; que si por decreto, convertían los sietes en dieces o los cincos en sietes, lo único que lograrían es institucionalizar la mediocridad, la irresponsabilidad y la apatía.

Algo similar ocurre con las decisiones de gobierno proteccionistas o paternalistas que, debido ya sea a visiones equivocadas o intereses eoncómicos y políticos, exigen a unos mas que a otros, haciendo valer mas los contubernios y compadrazgos que la calidad de los productos y servicios que se prestan.

Para mi sorpresa, hace unos días vi que una instancia de gobierno subirá estándares y elevará el nivel de exigencias a un gremio tradicionalmente protegido, me refiero al gremio de taxistas.

Según la información publicada, y ante la disparidad de requisitos que exigen a las Empresas de Redes de Transporte (ERT) como Uber y otras, la Secretaría de Movilidad (SEMOV) dijo que modificará las normas para tratar de igualarlos: pedirán a los conductores de taxis convencionales tener un automóvil con bolsas de aire, aire acondicionado y cabeceras en los asientos, traer un botiquín de primeros auxilios, frenos antibloqueo, extintores y sillas para niños.

Y aunque hasta ahora a los taxistas les piden vehículos de máximo 10 años de antigüedad y a los vehículos de las ERT solo les permiten 5 años, aseguraron que el plazo para renovar los taxis también se recortará.

La SEMOV dijo que esta equidad tiene como objetivo mejorar las condiciones de servicio para los usuarios, y equipararse con las normas que rigen a nivel internacional.

Lo único que puedo decir al respecto es: Bravo!

Bravo! porque en lugar de bajar los estándares de unos, subirán los de otros.

Bravo! por haber decidido, como dicen los americanos, “subir la barra” (Raise the Bar).

“Subir la barra” en todo lo que hacemos debe ser convertirse en un objetivo nacional, y alejarnos así de la mala fama que el país en su conjunto tiene en materia de calidad y confiabilidad. Los dieces del pasado deben ser los sietes del futuro.

“Subir la barra”, empujar mas fuerte, cavar mas profundo, hacer un mayor esfuerzo, es un cambio de mentalidad que México necesita a gritos. Necesitamos aumentar las expectativas, alabar e imitar los buenos resultados y reconocer los logros.

Necesitamos elevar las miras y no aceptar lo ordinario, o lo mínimo.

Por definición, lo ordinario no puede ser extraordinario. Y queremos ser extraordinarios en todo ¿o no?.

Si queremos dejar la mediocridad atrás, “subamos las barras”, fijemos expectativas altas y esperemos que la gente responda a ellas; ayudemos a las personas a alcanzar metas superiores; pongamos “estrellitas”, elogiemos y reconozcamos logros, y metámonos esto en la cabeza: las expectativas influyen en los resultados, y donde iniciamos tiene que ver con donde terminamos.

“Solo los mediocres están siempre en su mejor punto” Jean Giraudoux