Pafellón de México

 

El comunicado 029/2019 de la Secretaría de Turismo encabezada por Miguel Torruco anunció orgullosamente la participación de México en la Feria Internacional de Turismo de Berlín (ITB-2019), diciendo entre otras cosas que "se sigue trabajando para impulsar la imagen de México en el mundo, en dar a conocer los nuevos productos turísticos y las estrategias de la actual Administración, que encabeza el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador". (Nótese la frase "impulsar la imagen de México en el mundo").

Para quienes no lo sepan, la Feria ITB es una de las ferias de turismo más importantes del mundo en la que se presentan y compiten entre sí países, destinos, operadores turísticos, sistemas de reservas, transporte, hoteles, etcétera, y donde se gestan negociaciones de las que dependen mercados y corrientes turísticas globales.

Los visitantes de la feria son principalmente profesionales y socios de la industria turística que van a hacer negocios. Unos van a comprar y otros, México incluido, vamos a vender.

En las ferias comerciales los participantes hacen su mejor esfuerzo para mostrar la calidad de sus productos y la fortaleza de las empresas, instituciones y gobiernos detrás de ellos, lo cual se percibe en el diseño y tecnologías de presentación de sus pabellones o estands. El que no enseña, no vende, dice el dicho popular.

La participación de México este año en la ITB fue simplemente vergonzosa. En el siguiente link (https://bit.ly/2NWZodf) pueden ver imágenes comparativas de la participación de México en el pasado con la de este año en el que en lugar de montar un pabellón, se improvisó un "pafellón".

Si queremos competir exitosamente en el mercado del turismo mundial, hay que mostrar la mejor cara, y la austeridad a ultranza de la Cuarta Transformación aunada a la cancelación de la promoción turística de México, lo único que mostrará exitosamente es pobreza mental y baja de miras.

Ser y mantenerse como uno de los principales destinos turísticos del mundo cuesta. Presentar un producto, en este caso un país entero, de manera que genere confianza y sea "comprado" por el mundo que viaja, cuesta.

Pero sólo mentes profesionales y vanguardistas, acostumbradas a competir al más alto nivel, entienden que el costo de un pabellón que logre atraer la atención de clientes sofisticados de alto perfil no es un gasto, sino una inversión.

Hoy más que nunca, México debe invertir en promoción turística, y participar en estas ferias dedicadas a la venta de descanso, placer y tranquilidad con instalaciones que borren de la mente de los compradores, aunque sea temporalmente, los problemas de inseguridad y pobreza que sufrimos.

Pero parece ser que el Gobierno actual no sabe invertir ni vender. Creen que tendremos más ahorrando que produciendo.

El Gobierno federal ve al País como una familia pobre sin darse cuenta que la manera de salir de la pobreza, de hacerse rico, no es ahorrando, sino generando más, lo cual sólo es posible con trabajo, talento e inversión, a menos claro está que alguien espere que los ingresos adicionales llegarán por vía de dádivas, ayudas o subsidios, lo cual parece ser la política económica de la 4T: dar subsidios en lugar de dar trabajo; premiar lealtades en lugar de talentos; ahorrar en lugar de invertir.

Suena obvio pero no lo es tanto: para salir de la pobreza hay que generar riqueza. No hay de otra. Nadie nos va a regalar nada, ni a subsidiar como país, sólo porque queremos ser "honestos" y "buenas personas".

Al contrario, lejos de darnos algo, todos estarán atentos a ver qué nos quitan. Y lo primero que nos quitarán al mostrarnos frente al mundo como un país débil, retrógrada, austero y "pobrecito", lo cual en la mente del viajero es sinónimo de baja calidad e inseguridad, es el turismo, y especialmente el tipo de turismo que buscamos, el de alto nivel que más beneficios y derrama económica genera.

La manera de vender y mostrar las maravillas turísticas de México, su historia, arquitectura y hotelería de vanguardia, no es con mesitas y tablones rentados, adornados con un sarape o papel picado encima, sino invirtiendo en promoción e imagen acorde al nivel de empresarios que somos y calidad de la oferta turística que tenemos.

"Pobrecito mi gobierno que cree
que el País es pobre".

Yo